Centro de cría Lawrie Sweet - Criadero de yacos en Madrid

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Nuestro criadero

En esta sección encontrarás notas para informarte antes de comprar y replantearte si de verdad quieres adquirir una de estas maravillosas aves.

La jaula y sus complementos

El yaco es un ave mediana de tamaño. Para él, una jaula pequeña que tan famosamente pueden venderte en las tiendas de 45x45x70 no es suficiente, salvo que te vayas con él de viaje unos días.

LA JAULA

Una jaula adecuada y mínima sería 50(largo)x50(fondo)x150(la altura puede ser mayor). Son de forja, bañadas y horneadas para durar años sin estropearse y, sobre todo, sin oxidarse. Suelen ser como la que veis a continuación, pero depende del modelo, puede traer un parque diferente arriba, ser más grande o incluso abrirse el techo en modo de parque con un palo.



LOS COMPLEMENTOS

Lo esencial y que no puede faltar en una jaula son:



- Un palo limauñas. Lo hay de distintos colores y tamaños, hay que cogerse el grande, que sea rugoso y da igual si pesa más o menos, pero que no sea de calcio (los que manchan y se comen los loros, a menos que no os importe gastar y comprar otro en unos meses).

- Tres juguetes: uno de madera (evitad los colorines, que destiñen), otro de cuerdas y otro de acrílico, o combinados.

Cada cuatro meses recomiendo cambiarles al menos un juguete. Si está bien el que retiráis, guardadlo, porque podéis cambiarlo por otro más adelante. Esto estimulará al yaco manteniéndolo distraído sin que se aburra por estar siempre con los mismos juguetes.

Por otra parte, le podéis ir añadiendo ocasionalmente cosillas que podemos proporcionarle sin coste para nuestros bolsillos, como tapones de bebidas, bricks de zumo para que destrocen, el rollo de cartón del papel higiénico o del de cocina, el recipiente de yogurt limpio... Lo que se os ocurra, siempre que no sea peligroso y lo que contenga (como el zumo) pueda tomarlo.

EL ESPACIO

Bien, la pregunta que os haréis seguramente es: ¿para qué tan grande? No me quiero gastar tanto dinero. Bueno, sacad vosotros mismos las conclusiones. Si añadimos el palo limauñas y los juguetes, cosas que no pueden faltar... ¿Esto, dentro de la jaula, lo podría hacer sin destrozarse las alas si fuera más pequeña?



Aunque, claro, esa foto es de un adulto. ¿Qué tal si vemos un pollito de 3 meses?



EL PLANTEAMIENTO ERRÓNEO

No es poca gente la que, a pesar de explicarles lo anterior, me dice que con una jaula pequeña será suficiente, pues lo tendrán todo el día suelto, fuera de la jaula.

¿Por qué esto es un error? Pensemos. ¿Qué hay en la habitación? Con suerte, nuestros cristales estarán tapados con unas preciosas y finas cortinas listas para ser presa de las uñas de nuestro yaco, el cual, si echa a volar, se aferrará a ellas, pudiendo incluso engancharse y, si esto sucede, hacerse daño él mismo al intentar liberarse. Y digo con suerte porque, un mal golpe contra el cristal puede resultar sólo un susto o ser algo fatal.

Pero claro, ¡ahí estamos nosotros para ayudarle! ¿De verdad? Un solo descuido basta para que nuestro loro haga de las suyas como buen niño pequeño que es. Es cierto que hay gente que acostumbra a su amigo a que esté en su palo y no se mueva de ahí, pero nadie nos asegura que un susto por un brillo exterior, por un ruido o por algo que de repente estaba ahi y no se esperaba ver, hagan que se tire o salga huyendo. Bien, entonces, respóndanse a sí mismos. ¿Estamos las diez, doce o más horas que lo tenemos fuera permanentemente en la habitación, sin movernos de allí ni un segundo? ¿No, verdad? A veces, vamos al baño. Otras a la cocina. ¿Quién no ha tenido una llamada importante, o ha tenido que ir a ver quién llama? Yo, la primera. Por eso, siempre que nos ausentemos, aunque sea un segundo, el loro ha de volver a la jaula o, si no hay riesgo de fugas ni de cualquier posible accidente, llevarlo con nosotros agarrado contra el pecho.

Por otra parte, el loro, al moverse, suele ser muy silencioso. Viendo la tele, por ejemplo, no sería la primera vez que oigo que su amigo ha ido directo a un bonito y goloso cable cercano, roído la cortina que tan cerquita está a pesar de pensar que no lograría alcanzarla, o se ha acercado para dar un simpático tirón al coger el pendiente que tenemos puesto.

¿Limitamos, entonces, a nuestro loro si parte del día está en su jaula? Para nada. Estamos marcando simplemente unas pautas de convivencia y rutina desordenada. Es importante que no sea realmente una rutina incluso sacarle todos los días si los fines de semana, al menos un día, nos vamos y el loro se queda solo en casa, sin salir un poquito antes de irnos. Puede que no pase nada, tal vez se enfade, pero poco más. O puede que cambie su conducta, empeorándola al no saber qué hacer, pensando que ya se le pasará...

Bien, pensemos por un momento. ¿Qué es lo que quiere el loro? Todos piensan que salir de su jaula, por supuesto. Pero especialmente, quien opina que ha de estar suelto o libre y no encerrado, no se plantea que, en verdad, el loro quiere estar con ellos. Esto no tiene límite y eso debemos ponerlo nosotros si, en un futuro, no queremos tener problemas. Por eso, cuando la gente ve a su loro escalando la jaula, como desesperado, con carita de pena (sí, muchos piensan esto), realmente sólo intenta llamar nuestra atención, observár qué estamos haciendo, si le miramos y, de esta manera, intentar ver qué funciona mejor para que nos acabemos acercando y le saquemos. Pero cuidado. No confundamos el sacarle porque quiere estar con nosotros, sintiéndose cerca al poder acercarse con total libertad con que no quiere estar encerrado en su jaula.

¿Mi consejo? Más vale prevenir que lamentar. En mi caso, mi yaco no suele salir mucho porque se enfada con facilidad, pues no tiene una completa seguridad en sí misma y fácilmente sale volando, chocándose con cualquier cosa al no poder calcular bien cómo aterrizar y dónde. No es algo a lo que está acostumbrada y no es algo que quiero que aprenda a golpes, porque sería peligroso y a la vez costoso de aprender por su inseguridad a causa de su pata derecha. Y ya ni hablemos cuando tengo pollos. Entre el tiempo que les dedico a ellos, que no es mucho, la verdad, y los celos que coge por querer acaparar todos mis mimos y cuidados, bueno... Sobra decir que a veces se comporta y otras se sobrepasa y me pega unos mordiscos pensados concienzudamente de aupa.

Cuando el loro se acostumbre a su ritmo de vida (incluido fines de semana ausente), entonces, pueden variar tras un buen y largo tiempo. Porque, al fin y al cabo, un día de vez en cuando, no hace daño.


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