Centro de cría Lawrie Sweet - Criadero de yacos en Madrid

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Educación y aprendizaje

Notas disponibles

En esta sección encontrarás notas para informarte antes de comprar y replantearte si de verdad quieres adquirir una de estas maravillosas aves.

La correcta educación

Como veis, la alimentación no es un gran secreto. Pero educarlo no es algo que sea más complicado si se hace bien. Normalmente, los polluelos por instinto suelen morder a causa del hambre y de la costumbre de engullir todo lo que se les pone al frente. Esto sucede hasta los 60 - 90 días de vida aproximadamente. Por suerte, no aprietan lo suficiente como para hacernos una herida o un daño que notemos bastante.

La educación en cuanto a este aspecto suele surgir de forma natural, pero debemos ser constantes. A la hora de darle la papilla o suministrarle comida, o simplemente querer tocarle o sacarle de su jaula, debemos ser firmes si nos muerde, aunque nos parezca un tierno y simple acto que nos indique que sólo tiene hambre. Hay mucha gente que piensa que una buena palmada en el culito, o una torta en la cara hará que entienda que lo que acaba de hacer está mal. Señores, los loros no son niños. No nos entienden mediante ese tipo de gestos. El único gesto físico que comprenden es que le cojan el pico. Podemos regañarles mientras les mantenemos el pico cerrado. Pero, en mi opinión, tampoco es una buena forma de castigo. Si se castiga por algo que no nos damos cuenta y no esta mal, el loro es el que puede acabar realmente enfadado con nosotros. Pegarles es el problema más grave que se puede hacer. Nunca deben pegar a un loro. Esto haría que se sintiera confuso y se sintiera amenazado, puesto que no lograría enlazar que le estamos regañando por algo que ha echo mal. Y en estos casos, ¿qué es lo mejor? La palabra. Pero va más alla de la palabra. Debemos utilizar un tono de voz firme, serio, grave, enfadado. Y lo más importante, una mirada que le diga claramente "no".

En estado salvaje, los yacos viven en grupo. En cada grupo, hay un jefe. Y para expresarse entre ellos, utilizan su mirada. Un individuo, cuando es repudiado por el resto por cometer una acción incorrecta, lo percibe a través de la mirada y los gestos de los demás loros. Esto hace que se sienta rechazado por el grupo, excluido. Y a un loro no le gusta estar fuera de su grupo, así que no tiene más remedio que intentar no volver a repetirlo. En el caso de los papilleros sucede algo parecido: nosotros somos su grupo y debemos enseñarle lo que está mal para que no lo vuelva a hacer.

Ahora, hablemos de la jerarquía. ¿Quién manda sobre quien? A nadie le gustaría que su loro mandara sobre uno mismo, así que para ello hemos de establecernos como jefe. No hay que permitir que el yaco esté por encima de nuestra mirada, y evitar hasta que estemos seguros de su educación que se nos suba al hombro, puesto que sería signo de oportunidad para ponerse firme y convertirse en el nuevo jefe.

Si hay varios miembros en la familia, el loro escogerá a uno, el cual normalmente para él suele ser el jefe del grupo. En este caso, es él el que tendrá que enseñarle a portarse bien con el resto de la familia. En el caso de que sea un solo miembro, debemos hacerle entender que somos nosotros los que estamos por encima de él, y no al revés. Para ello, hay que regañarle en todo lo que haga mal, y si no funcionara porque intentara ponerse por encima de nosotros mediante mirada desafiante y tal vez englobamiento de sus plumas, debemos dejarle claro que no está bien y que quien manda somos nosotros. Darle la espalda y dejarle en su jaula sin hacerle ningún caso ni responder a sus palabras o silbidos durante al menos cuarto de hora o más, hará que nuestro loro empiece a sentir que realmente está excluido de la familia y que lo que hizo no debería volver a repetirlo.

Es importante saber que si, por ejemplo, nos muerde dentro de su jaula cuando hasta ahora no lo había echo, no quiere decir que esté mal. Debemos entender que su jaula es como su casa, y en su casa manda él. Nunca debemos regañarle severamente por mordernos alguna vez dentro de su jaula, puesto que él necesita un espacio aunque sea pequeño para sentirse el rey y poder sentir que tiene un sitio en el que estar tranquilo, en el que asearse, comer, descansar, etc. Pero esto no quiere decir que no le regañemos con un no. Ha de saber que a pesar de estar en su territorio ha de comportarse, y usted deberá comprender analizando lo sucedido el por qué le ha mordido. Tal vez ha ido a tocarle justo cuando estaba descansando. O tal vez haya echo algún movimiento demasiado brusco. A lo mejor vio algo tras de usted que le puso nervioso... Tenga en cuenta que usted tiene su "territorio". Mientras le deje claro que en la casa manda usted, no se preocupe. La próxima vez puede probar a sacarlo de su jaula y regañarle fuera, a la vez que repite la acción (si le fue a tocar, vuélvalo a hacer con cuidado, para que vea que no está enfadado con él) y le premia con unas palabras amables y una caricia y, si lo tiene a mano, un cacahuete o unas pipas.


APRENDIZAJE DE PALABRAS


El yaco es capaz de imitar la voz de su dueño a la perfección, a la vez que cualquier sonido o melodía. Todo es cuestión de tiempo, dedicación y paciencia.

Enseñarle a decir su primera palabra no es sencillo. Los silbidos y ruidos es lo primero que aprende a imitar. La primera palabra es la que más cuesta sacar, el resto irán viniendo con más rapidez a cada palabra que aprenda. Las frases puede que sea lo más complicado, empiece con algo corto y palabras que ya sepa decir.

Para que aprenda a decir su primera palabra, deberá decidir cuál quiere. Un "hola" es algo sencillo, por ejemplo. También puede enseñarle a decir el nombre que escogió para él. Es lo primero que suelen decir.

Pongamos que elige el saludo. Todas las mañanas puede ir a saludarle a su jaula diciendole ¡Hola!. Y así cada vez que vuelva a casa. Pero, a parte de este ejercicio rutinario, necesita dedicarle unos diez minutos al día, puesto que en la mayor parte no le prestará la más mínima atención, sobre todo si está distraído. Para que le preste atención sólo a usted, sáquele de la jaula. Pónganse en un lugar en el que vea que nada ni nadie distraerá a su loro. Póngalo enfrente y repita la palabra con un tono de voz constante, luego puede probar a decirlo con tonos de voz diferentes. Deje una pequeña pausa entre palabra y palabra. Si no estuviera atento a usted y se distrayera, guárdelo en su jaula y pruebe en otro momento. Es importante que no se le fuerze, puesto que este ejercicio debe resultar algo atractivo y divertido para el loro o le costará aprenderlo más de lo normal.

Los loros suelen ser vergonzosos, aunque no todos son iguales. Si oye a su loro repetir un hola bastante raro o no muy claro, préstele atención, asómbrese, felicítele y repita la palabra con entusiasmo unas cuantas veces. Luego, siga con sus cosas. Esto ayudará a que el polluelo asocie la palabra con tenerlo a usted frente a él prestándole atención y le incitará a intentar repetirla lo mejor posible hasta hacerlo bien. Si le sucede que, mientras está repitiéndole la palabra, él intenta repetirla, felicítele, siéntase contento, pero dígale con un tono tranquilo que no es así como se dice y siga enseñándole cómo decirlo bien. Luego, podrá probar a enseñarle otro tipo de palabras, siempre yendo de las más sencillas a las más complicadas. No intente que despues de haber aprendido dos o tres, enseñarle a que diga una frase larga o una palabra algo complicada. Paciencia, pronto podrá enseñarle a responder a frases que usted diga ¡e incluso a cantar!

RECOMENDACIONES

Por último, os recomiendo una revisión anual al veterinario para ver cómo está y para el recorte del vuelo, aunque para esto puede que necesitemos ir alguna que otra vez más.

El recorte de alas consiste en cortar unas cuantas plumas de ambas alas para que el ave no consiga volar. Con esto conseguiremos que planee, pero no que coja altura. Así evitaremos huidas inesperadas o que se nos escape por la ventana. Además, podremos sacarle a la terraza o a la calle con tranquilidad de que no volará.

Por otra parte, existen arneses para loros. Con él, podemos sacarlo siempre verificando que el arnés esté en buen estado y no haya sido seriamente dañado. Así, podremos llevar a nuestro loro controlando cualquier susto y poder acostumbrarlo a los ruidos y al exterior, a la vez que le proporcionaremos baños de sol que ayudarán a la absorción de calcio, vitaminas y minerales.

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